En Segovia, en un mirador privilegiado sobre la ciudad, se encuentra Zamarramala. A sus pies, la iglesia de la Vera Cruz, el Valle del Eresma, y la famosa Casa de la Moneda; enfrente, las murallas, que contienen el casco antiguo, destacando entre el caserío las torres de sus palacios e iglesias; y en la proa de ese gran "navío de piedra", el Alcázar, origen de la leyenda que da mayor prestigio a la mujer zamarriega entre todas las segovianas.A principios del siglo XI, cuando la ciudad y el Alcázar se hallaban en manos de los moros, las mujeres zamarriegas, engalanadas con sus mejores trajes y joyas y valiendose de su gracia en el baile y de su hermosura, entretuvieron a la guardia de la fortaleza, que abandonó sus puestos para admirarlas; lo cual fue aprovechado por los hombres para penetrar en el Alcázar y reducir a los "embobados" defensores. Cuando éstos se dieron cuenta de la estratagema, cogieron a la cabecilla y le cortaron los pechos, dándole así el mismo martirio que a Santa Agueda. Por ello, gozaron los zamarriegos del privilegio de ser defensores perpetuos de la fortaleza, así como de la exención de ciertos tributos hasta la abolición de privilegios en el siglo XIX.
Y las mujeres, quizá por la similitud del martirio o por haber ocurrido este hecho a comienzos de Febrero, a partir del año 1227 comenzaron a celebrar en la festividad de Santa Agueda -patrona de las mujeres casadas, y, en especial, de las que crían con el pecho a sus hijos- que la Iglesia celebra el día 5 de Febrero, de una manera muy especial: tomando la vara de mando dos de ellas, las Alcaldesas, durante ese día y admitiendo solamente en la fiesta a las mujeres casadas y viudas
Todo ello se une conformando una de las fiestas más originales y vistosas de la provincia de Segovia, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. En la actualidad se celebra el domingo más próximo al 5 de Febrero y dura en realidad tres días la fiesta, siendo las únicas protagonistas de ella las mujeres casadas y viudas: cada año se eligen dos Alcaldesas que llevan la vara de mando ese día,cedido por nuestro alcalde.
Solamente las mujeres casadas pueden bailar en la procesión delante de la santa, portar sus andas y tomar parte en el posterior baile de rueda. El único hombre admitido es el sacerdote, en la parte religiosa que tiene la fiesta, para la celebración de la Misa y procesión; pues en general, el hombre es ridiculizado ese día y representado como el Pelele, muñeco de paja vestido que se quema, mientras las mujeres bailan al son de la dulzaina y el tamboríl. Si alguno intenta participar en la fiesta se le acorrala y pincha con unos largos alfileres que llevan el significativo nombre de matahombres; lo mismo les ocurrirá a los forasteros que no están dispuestos a pagar el peaje por entrar al pueblo en tan señalado día. En compensación por ello, una buena tajada de chorizo espera a todo aquel que ayude a las mujeres a sufragar su fiesta.
Pregón de este año: Marta Nebot
Matahombres de este año: Amparo Baró.
No soy feminista, pero por un día que les demos caña...tampoco pasa nada, ¿no? jajja.
Bromas aparte, se ha convertido en una de las fiestas más singulares a nivel nacional .Además, goza de la simpatía de hombres y mujeres,es un día divertido para todos.Simbólico.
La quema del pelele yo nunca la llevaría a cabo,¿eh?, pero un buen rapapolvo de "espabile" a más de uno... sip. ;)
He vuelto antes de tiempo.Os echaba de menos...
Y para poner banda sonora a esta entrada tan "Jegoviana", qué mejor que un grupo oriundo de aquí.¡Hala maaajos! Aquí os dejo con ellos.
P.D: he hecho un corta y pega de la historia porque hoy no daba pa´ más.


















